La reflexión de Matías Sánchez, profesor de historia colegio Nocedal

 / Octubre 29,2026

Desde el oráculo al Dr. Strange: entender el presente mirando al pasado y al futuro.

Cuando uno estudia la Historia, resulta imposible no pensar en el tiempo. Futuro, presente, pasado… y bien. Creería que hasta, de todas las ciencias, es la que más depende de saltar, como liebre, entre un tiempo y otro. Mas ¿Realmente la historia es colgarse del cinto espacio-temporal de Mampato y dar un viaje al pasado? Yo creo que no.

Para empezar, sí, la Historia es la ciencia que estudia el pasado; pero no con un afán de anticuario o archivista. No por nada los trabajadores de Intensamente, en la mente de Riley, lanzaban al abismo los recuerdos que ya no le eran significativos. Sí, el significado, esa es la palabra clave. Estudiamos el pasado para explicar el presente. Es decir, va con la mirada siempre puesta en el hoy, en el ahora, en la realidad en la que usted y yo estamos respirando. No en vano, el maestro Oogway decía que el presente es un regalo, y por eso lleva ese nombre.

Es un error pretender la historia como una pequeña wikipedia para memorizar fechas, batallas, generales, etc. Eso quedó en el Siglo pasado. Os invito, en vez, a pensar en por qué como sociedad elegimos el azul para los jeans, por qué la Coca Cola tiene esa forma femenina en su botella, o por qué de pronto todas las mascotas desaparecieron de Mc Donalds, Trix, Cheetos, etc. Esa es, la que me gusta llamar “historia viva”. Historia que sirve del presente al pasado, y no una enorme amalgama de anticuarios, empolvándose sin uso.

Y el futuro, oh, el futuro. Quién fuera Cassandra para ver el futuro, o Emmet Brown para visitarlo. Lamentablemente, aún no podemos hacerlo; pero sí podemos hablar con los muertos para ver qué nos dicen del mañana. Claro, a partir de sus cartas, libros, testimonios, etc. Si bien el futuro es imposible de ver con claridad, el espiral al que suele volver la historia nos permite especular bastante cercano a la realidad, usando fuentes e instrumentos coherentes para las conjeturas.

Cuando estudien historia, tanto ustedes como sus hijos, piensen en cómo nos ayuda a entender el presente. Cómo el pensamiento lógico sirve para comprender cualquier proceso: una rifa, una salida con amigos, consigue trabajo; y cómo las enseñanzas sobre Robespierre y Voltaire son también posibles de servir como analogía para entender relaciones humanas, como la fractura con un amigo, un/a nuevo/a pololo/a, y así. Es decir, esta misma ciencia que nos gusta a los más viejitos, puede ser desempolvada y esgrimida como caballo de batalla para entender cómo la sociedad en la que estamos funciona, desde lo más micro a lo más macro (porque, secreto, para eso fue creada).